
El economista tarijeño Manuel Figueroa advirtió que retirar de golpe la subvención a los carburantes no sería una decisión acertada, ya que generaría un fuerte impacto económico en la población, especialmente en la clase media, con un encarecimiento inmediato de los productos de la canasta familiar.


Recordó que intentos similares en 2003 y 2010 fracasaron debido a la reacción social y al alto costo político que implicaron.
Figueroa señaló que la eliminación repentina de la subvención provocaría un ajuste brusco de precios, debilitando aún más la moneda nacional y complicando la situación económica del país.
En su criterio, cualquier futura administración deberá actuar con responsabilidad, pues la ciudadanía ya se encuentra cansada de que decisiones políticas repercutan directamente en su economía diaria.
El economista propuso que el camino más viable es aplicar medidas graduales que permitan nivelar los precios de manera sostenida.
A su juicio, el desfase entre el tipo de cambio oficial de 3,74 bolivianos y el paralelo, que supera los 8 bolivianos, refleja que el actual esquema de subvención es insostenible, lo que exige un rediseño técnico y progresivo.
Figueroa sostuvo que el problema se arrastra desde hace dos décadas, cuando se optó por mantener un sistema de subvenciones financiado con regalías e ingresos de hidrocarburos, sin buscar alternativas que aseguren sostenibilidad.

Finalmente, calificó esta política como un “despilfarro” que ahora debe ser corregido con responsabilidad y planificación gradual.
