
En el Hospital Regional San Juan de Dios de Tarija, acceder a una consulta médica se ha convertido en una prueba de resistencia. Decenas de personas, muchas de ellas adultas mayores o con enfermedades crónicas, madrugan y soportan temperaturas bajo los 6 °C para conseguir una ficha médica. A pesar de que la ley garantiza el acceso gratuito y oportuno a la salud, la realidad es una fila que comienza antes del amanecer y culmina, en el mejor de los casos, con apenas 15 minutos de atención.

Una observación en terreno evidenció que desde las 5:00 de la madrugada ya había más de una decena de personas esperando bajo condiciones precarias. Sin baños, sin abrigo y sin personal que oriente el proceso, los pacientes deben ingeniárselas para sobrevivir al frío y a la desinformación. Algunos se resguardan en vehículos o con frazadas, mientras otros buscan fotocopiar documentos sin saber bien cómo avanzar en los trámites.
Los testimonios de usuarios como Luisa Donaire y Santiago Díaz reflejan una constante frustración: muchos madrugan por una ficha y deben regresar otro día para la atención, repitiendo el proceso indefinidamente. La falta de información, paros sorpresivos y un sistema sin alternativas tecnológicas efectivas empeoran aún más la experiencia del paciente.
El director del hospital, Dulfredo Ozuna, reconoció las deficiencias y señaló algunas medidas adoptadas, como el ingreso nocturno al hall del hospital en días fríos y la habilitación de una línea de WhatsApp para ciertos casos. Sin embargo, también admitió que la demanda excede con creces la capacidad de atención, y que el acceso a mecanismos digitales no es viable para todos, sobre todo en sectores vulnerables.

A nivel estructural, la situación evidencia el incumplimiento de la Ley 1152 del Sistema Único de Salud, que garantiza atención gratuita, progresiva y universal. La falta de especialistas, la escasa infraestructura, la desorganización y un conflicto político entre la Gobernación de Tarija y el Gobierno Nacional agravan el problema. Mientras ambas instancias se culpan por la falta de recursos, los ciudadanos siguen esperando soluciones reales.

El caso del hospital tarijeño es el retrato de una salud pública saturada, lenta y dolorosa. Sin una respuesta institucional efectiva ni voluntad política para resolver el problema de fondo, madrugar y hacer fila seguirá siendo, por ahora, el único camino para ser atendido. La ley podrá decir una cosa, pero la fila —fría, larga y desigual— sigue gritando otra.
