Redadas migratorias de EE.UU. en Puerto Rico provocan miedo, hambre y crisis humanitaria en comunidad dominicana

El temor se ha apoderado de Barrio Obrero, una comunidad en San Juan, Puerto Rico, con alta presencia dominicana, tras las recientes redadas migratorias del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos. Cientos de personas se han encerrado en sus casas, dejando de trabajar por miedo a ser arrestadas, lo que ha desencadenado una crisis humanitaria. Casos como el de “Celia”, una madre dominicana sin documentos legales, reflejan el drama de muchas familias migrantes que viven con ansiedad, separación familiar y dificultades económicas.

Las políticas migratorias del expresidente Donald Trump continúan teniendo efecto en Puerto Rico, un territorio estadounidense sin autonomía soberana. El gobierno local ha sido señalado por colaborar con ICE al compartir datos de conductores sin estatus migratorio, mientras organizaciones humanitarias advierten de arrestos “inhumanos” y uso de fuerza excesiva en operativos. En total, ya se han detenido a más de 500 personas, la mayoría de origen dominicano.

La crisis también golpea duramente al comercio local. Negocios como fondas, barberías y agencias de envío de dinero han perdido casi todos sus clientes, obligando a muchos dueños a despedir empleados o cerrar. El miedo paraliza el consumo y la movilidad. La incertidumbre se profundiza para quienes, como Rosario de la Cruz, dependen de sus ingresos para sostener a hijos en República Dominicana.

La Iglesia Metodista San Pablo y organizaciones como el Comité Dominicano de Derechos Humanos han asumido parte del auxilio, repartiendo alimentos y ofreciendo atención psicológica y legal. Sin embargo, los recursos son limitados, y los líderes comunitarios denuncian el silencio de los gobiernos de Puerto Rico y República Dominicana, a quienes acusan de pasividad o complicidad con las políticas de Trump.

Mientras tanto, el panorama en Barrio Obrero es desolador. Muchas familias se separan voluntariamente por miedo a detenciones, algunos residentes han abandonado la zona, y obras de construcción quedan inconclusas por la falta de mano de obra. “Solo pedimos poder trabajar”, dice Celia, resumiendo el clamor de miles que buscan sobrevivir en medio de la persecución.

Vía: BBC

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