“Pingüinos” en la guerra de drones: el camuflaje extremo que delata la desesperación rusa en Ucrania

La guerra en Ucrania ha dejado una de sus imágenes más insólitas y reveladoras: soldados rusos avanzando en solitario por campos nevados cubiertos con ponchos térmicos blancos que, a la distancia, los hacen parecer pingüinos. Lejos de una anécdota, la escena refleja la presión extrema que ejerce el dominio de los drones en el campo de batalla.

Aunque los pingüinos existen en colonias cercanas a la Base Vernadsky en la Antártida, su “aparición” en Ucrania es simbólica. Se trata de una táctica improvisada que busca ocultar la firma térmica humana frente a drones equipados con cámaras infrarrojas, hoy protagonistas del conflicto.

La lógica es sencilla: estos ponchos, relativamente baratos y fabricados con tejidos aislantes, pretenden confundir a los sensores térmicos haciendo que el cuerpo humano se mezcle con el frío del entorno. En teoría, el soldado “desaparece” para el ojo infrarrojo.

Sin embargo, la práctica ha mostrado los límites del método. Las fuerzas ucranianas han difundido videos que evidencian que el camuflaje solo funciona en condiciones muy específicas y, sobre todo, durante la noche. A plena luz del día, los “pingüinos” destacan con claridad ante drones ópticos.

El problema no es solo la prenda, sino su empleo táctico. Los ponchos pueden ocultar el torso, pero dejan expuestas extremidades o generan siluetas térmicas artificiales que contrastan con el entorno, facilitando la identificación del objetivo.

A esto se suma la falta de entrenamiento. Muchos soldados parecen desconocer cuándo y cómo usar el camuflaje, lo que produce un efecto contrario al buscado: figuras nítidas y fácilmente detectables en las pantallas de los drones.

Pese a los malos resultados, las unidades rusas han insistido en la táctica, enviando hombres aislados a cruzar terrenos abiertos. La repetición del método sugiere escasez de alternativas efectivas frente a la vigilancia aérea constante.

Este recurso extremo se inserta en una guerra de engaños cada vez más sofisticada. Mientras algunos combatientes intentan ocultarse con disfraces térmicos, Ucrania ha perfeccionado el uso de señuelos a gran escala, como aviones inflables que atraen y desperdician municiones enemigas.

En el fondo, la imagen surrealista del “pingüino” resume una realidad clave del conflicto: el campo de batalla se ha transformado en un duelo permanente entre detección y ocultación, donde engañar al sensor es tan decisivo como la fuerza de fuego, y donde la supervivencia depende de burlar a una cámara que nunca parpadea.

Vía: Xataka

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