Delcy Rodríguez asumió formalmente como jefa del régimen venezolano en una ceremonia cargada de simbolismo político, realizada este lunes en la Asamblea Nacional, apenas días después de la captura de Nicolás Maduro. En ese escenario, un gesto no pasó desapercibido: su saludo directo y preferencial a los embajadores de Rusia, China e Irán, aliados históricos del chavismo.

Durante el acto, Rodríguez se acercó personalmente a los representantes diplomáticos de estas potencias, quienes ocuparon lugares destacados en el hemiciclo. El embajador chino, Lan Hu, fue el primero en felicitarla; luego lo hizo el ruso Serguéi Mélik-Bagdasárov, con un abrazo efusivo, mientras que el iraní Ali Chegueni inclinó la cabeza y juntó las manos en señal de respeto, en una escena observada atentamente por legisladores y dirigentes oficialistas.
El respaldo de estos países se produjo pese a que horas antes habían denunciado ante la ONU una supuesta “agresión armada” de Estados Unidos y exigido la liberación de Maduro, hoy recluido en una cárcel federal de Nueva York junto a su esposa, Cilia Flores, ambos procesados por cargos de narcoterrorismo y tráfico de armas.
La juramentación de Rodríguez se dio en un contexto de máxima tensión política y social. El nuevo liderazgo chavista enfrenta protestas internas, denuncias de represión, detenciones de periodistas y advertencias de Washington sobre posibles medidas adicionales si no se produce una transición democrática “real y verificable”.
Durante su discurso, Rodríguez juró “por Chávez y por Maduro” ante su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Denunció el “secuestro” del exmandatario y de su esposa y aseguró que su gestión estará orientada a defender la soberanía nacional frente a lo que calificó como presiones extranjeras.
En primera fila estuvieron figuras clave del poder chavista, como el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López; el ministro del Interior, Diosdado Cabello; y Nicolás Maduro Guerra, hijo del expresidente capturado, cuya presencia reforzó la imagen de continuidad dentro del núcleo duro del régimen.
Analistas coinciden en que el saludo preferencial a los embajadores de Rusia, China e Irán no fue un gesto protocolar, sino una señal política calculada. A su juicio, busca reafirmar las alianzas estratégicas que han sostenido al chavismo en los últimos años, en contraste con los llamados de Estados Unidos a una transición inmediata y supervisada.
Mientras Washington exige cooperación total y acceso internacional a los recursos petroleros venezolanos, Moscú, Beijing y Teherán reiteraron su rechazo a cualquier intervención externa y prometieron respaldo político y económico a Caracas. En ese escenario, el inicio del nuevo ciclo legislativo y los gestos de Rodríguez delinean una etapa marcada por la confrontación geopolítica y la resistencia del chavismo a ceder el poder.
Vía: Infobae
