
La nueva gobernadora de Tarija, María René Soruco, asumirá el cargo en medio de un complejo escenario económico caracterizado por déficit fiscal, alta deuda y reducción sostenida de ingresos.
Tras su elección, la autoridad reconoció la urgencia de iniciar la transición, consciente de que enfrentará una gestión marcada por limitaciones presupuestarias y demandas sociales acumuladas.


Uno de los principales problemas es la caída de la renta petrolera, que históricamente ha sido la principal fuente de financiamiento del departamento.
Para 2026 se proyectaban ingresos por 393 millones de bolivianos, pero las autoridades actuales advierten que la cifra real podría ser hasta un 30% menor.
De los recursos disponibles, una gran parte ya está comprometida en el pago de deudas, proyectos heredados y gastos de funcionamiento, lo que reduce significativamente el margen de acción.
La Gobernación arrastra además obligaciones inmediatas, como una deuda salarial de aproximadamente 3 millones de bolivianos y un gasto mensual superior a 8 millones para su operatividad.

A esto se suma una deuda total cercana a los 955 millones de bolivianos, principalmente con entidades financieras, lo que condiciona la capacidad de inversión.
Los programas sociales también están en riesgo, entre ellos el Prosol, las canastas alimentarias y el financiamiento de ítems en salud, que requieren recursos constantes.
El economista Fernando Romero advirtió que la nueva gestión enfrentará “retos titánicos”, que obligarán a aplicar una reingeniería financiera con posibles costos políticos y sociales.
En ese contexto, el éxito de la administración dependerá de la conformación de un equipo técnico sólido y de la capacidad de articular acuerdos con la Asamblea Legislativa y el Gobierno nacional para acceder a financiamiento y garantizar la gobernabilidad.

Vía: El País, Tarija
