Apple anunció que parte de la fabricación de su computadora de escritorio Mac mini comenzará a realizarse en Estados Unidos, marcando un movimiento poco habitual para la compañía, cuya cadena de suministro ha estado históricamente concentrada en Asia. La decisión llega en medio del creciente debate sobre la relocalización industrial en Washington.

La producción se desarrollará en una planta ubicada al norte de Houston, Texas, operada por su socio industrial Foxconn. Según confirmó la empresa, la fabricación arrancará hacia finales de este año como parte de una expansión de sus operaciones manufactureras en territorio estadounidense.
El director ejecutivo de Tim Cook destacó que la compañía busca fortalecer su presencia industrial en el país y reafirmó el compromiso de Apple con el desarrollo de la manufactura local, presentando la iniciativa como un paso estratégico dentro de su crecimiento en Texas.

El complejo de Houston ya cuenta con operaciones activas, donde Foxconn ensambla servidores avanzados destinados a los servicios de inteligencia artificial de la empresa. El nuevo proyecto implicará la reconversión de un amplio espacio industrial para albergar la producción del Mac mini.
El anuncio también se produce en un contexto político marcado por presiones comerciales impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump, quien amenazó con imponer aranceles del 25% a productos fabricados fuera del país, incentivando inversiones industriales domésticas.
Como parte de ese escenario, Apple comprometió inversiones por 600.000 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos cuatro años, en un intento por equilibrar su estructura global de producción y evitar impactos arancelarios.
No obstante, la propia compañía aclaró que el traslado será limitado. La producción local estará destinada principalmente a abastecer la demanda interna, mientras que miles de unidades continuarán fabricándose en Asia, manteniendo intacta la base internacional de su cadena de suministro.

Además, el Mac mini representa una porción reducida del negocio de Apple: menos del 5% de las ventas de computadoras Mac y menos del 1% de los ingresos totales, lo que evidencia que el movimiento tiene más peso simbólico y político que impacto comercial inmediato.
Texas ya había sido parte del mapa industrial de Apple, ya que desde 2013 el modelo Mac Pro se ensambla en Austin. La nueva decisión amplía esa presencia, aunque sin representar un cambio estructural profundo en la estrategia global de producción.
Por ahora, la empresa no contempla trasladar la fabricación del iPhone a Estados Unidos, lo que confirma que el anuncio responde más a un ajuste estratégico frente a presiones económicas y políticas que a una transformación total del modelo industrial de la compañía.
Vía: Xataka
