El Gobierno de Alemania rechazó de forma categórica las acusaciones lanzadas por Rusia, que califican el apoyo de Berlín a Ucrania como un acto de “revanchismo” histórico ligado a la derrota rusa en la Segunda Guerra Mundial. Berlín considera que se trata de un intento de desviar la atención del conflicto actual.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso elevó el tono contra Alemania y presentó su política exterior como impulsada por un deseo de castigar retrospectivamente a Moscú, acusándola de buscar una “derrota estratégica” de Rusia mediante sanciones económicas y respaldo militar a Kiev.
Según la narrativa rusa, el apoyo alemán a Ucrania forma parte de una campaña ideológica marcada por una supuesta “histeria rusófoba” y una demonización sistemática del país, en la que —afirma Moscú— se atribuyen automáticamente a Rusia hechos como ataques informáticos o crisis internas sin pruebas concluyentes.
Rusia sostiene además que Berlín utiliza la idea de una “amenaza rusa” para justificar ambiciosos programas de rearme, mayor endeudamiento y el objetivo de convertir a la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa, recurriendo a paralelismos históricos para reforzar su discurso.
Este endurecimiento retórico viene acompañado de advertencias militares. Moscú ha señalado que cualquier ampliación de la presencia alemana en Europa del Este constituye una escalada, en referencia al despliegue de tropas alemanas ya existente en Lituania.
El Kremlin fue más allá al advertir que un eventual despliegue de soldados alemanes en Ucrania o en su entorno, incluso bajo una misión internacional de seguridad, los convertiría en “objetivos legítimos” desde la óptica rusa.
Al mismo tiempo, Rusia descartó que se le pueda presionar “desde una posición de fuerza” y calificó de absurdos los ultimátums occidentales, asegurando que ese enfoque está condenado al fracaso.
Desde Berlín, el ministro federal de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, respondió con firmeza y calificó las acusaciones de revanchismo como un “intento barato de distracción”, subrayando que Alemania no rehúye una mirada crítica sobre su propio pasado.
No obstante, Wadephul dejó claro que la responsabilidad histórica no implica silencio ante la guerra actual: Alemania, afirmó, no permitirá que se utilice la memoria de la Segunda Guerra Mundial para justificar o blindar las acciones del actual Gobierno ruso.
Vía: Xataka
