Bolivia no tiene capacidad de producir suficientes combustibles para abastecerse, por lo que dependerá siempre de importaciones, y mientras no se aborde este punto de forma seria y transparente, la crisis económica se agudizará aún más.

El economista y analista Roberto Castillo cuestionó con firmeza la continuidad de la subvención a los carburantes en Bolivia, calificándola como una medida sin sentido que está agravando la crisis económica del Estado y afectando directamente a la población.
Según Castillo, mantener este modelo subvencionado no lleva a ningún destino económico sostenible y solo profundiza la dependencia del país en la importación de hidrocarburos, sin resolver estructuralmente el problema del abastecimiento.

Castillo propuso que se levante la subvención y se delegue al sector privado la responsabilidad de importar y distribuir combustibles, lo que —a su juicio— permitiría eliminar intermediarios y negociados millonarios que actualmente distorsionan el mercado.
Aunque reconoció que la medida sería un golpe fuerte, indicó que la ciudadanía preferiría pagar un precio justo y tener disponibilidad inmediata del producto antes que enfrentar escasez e incertidumbre.
El analista también criticó a los partidos políticos por no abordar este tema con sinceridad durante las campañas electorales, calificando sus propuestas como netamente “electoralistas”.

Aseguró que ningún candidato se atreve a decir abiertamente que eliminará la subvención por temor a perder votos, comparando esta reticencia con la posibilidad de suprimir bonos sociales, lo cual sería impopular pero necesario para la sostenibilidad económica.
Castillo advirtió que, gane quien gane las elecciones, el nuevo gobierno se verá obligado a enfrentar el problema estructural de la subvención.

