
El presidente del Colegio de Economistas de Tarija, Fernando Romero, se refirió al reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos, que descartó la existencia de una hambruna en Bolivia. Según explicó, el organismo internacional identificó a otros países como Haití o Palestina como escenarios de hambruna, producto de conflictos bélicos y crisis económicas profundas.

No obstante, Romero alertó que, si bien en Bolivia no se puede hablar técnicamente de hambruna, sí existen señales preocupantes en algunas zonas rurales y periurbanas, donde muchas personas ya no acceden a una alimentación adecuada.
Romero advirtió que la verdadera amenaza en Bolivia es la pérdida de la seguridad alimentaria, debido a diversos factores estructurales. Entre los más urgentes mencionó la escasez de carburantes, esenciales para la cosecha, siembra y comercialización de productos agrícolas.
Este problema ha comenzado a afectar directamente la producción y distribución de alimentos, lo que, a su vez, podría generar un encarecimiento progresivo de los productos básicos y una reducción en la oferta alimentaria. En este contexto, señaló que la demanda está superando con creces la oferta, incluso considerando la presencia de productos de contrabando.
Otro factor de riesgo es la elevada inflación que atraviesa el país. Romero recordó que el índice inflacionario registrado en el mes de mayo fue el más alto de los últimos 40 años, afectando directamente el poder adquisitivo de las familias. “Puede que la gente esté comiendo, pero no se está alimentando bien”, remarcó.
Esta situación podría tener efectos a largo plazo, como el aumento de los niveles de desnutrición y un deterioro en áreas fundamentales como la educación y la salud, derivando en una población menos productiva y más vulnerable.

Finalmente, el economista hizo un llamado tanto al actual gobierno como a futuras autoridades para que tomen medidas urgentes orientadas a garantizar la seguridad alimentaria en Bolivia. Insistió en que el acceso a alimentos no sólo depende de la oferta, sino también de políticas públicas que aseguren precios accesibles y condiciones logísticas adecuadas.
También expresó su preocupación por la inestabilidad internacional, señalando que si se intensifica la guerra entre Israel e Irán, el costo de importar carburantes podría incrementarse aún más, afectando seriamente la capacidad del Estado de mantener subsidios y abastecimientos esenciales.

