El economista y aspirante presidencial cuestionó que el nuevo documento financiero estatal mantenga un nivel de gasto público «tremendamente alto», lo que perpetúa un déficit fiscal real superior al 11%. Aseguró que el Gobierno central carece de señales y de voluntad política para aplicar reformas de fondo que corrijan los desequilibrios financieros de Bolivia.

El debate sobre el rumbo económico del país suma nuevas observaciones desde la perspectiva técnica y política. El reconocido analista económico y candidato presidencial, Jaime Dunn, afirmó de manera contundente que el nuevo Presupuesto General del Estado (PGE) no incorpora ningún tipo de cambio estructural o profundo orientado a resolver la compleja crisis financiera y de divisas que golpea a los diferentes sectores productivos de Bolivia. A su criterio, el documento oficial de planificación fiscal evidencia que el Órgano Ejecutivo ha optado por una estrategia de estancamiento técnico.

El especialista argumentó que la actual propuesta del Gobierno central insiste en una fórmula desgastada basada en el elevado gasto del aparato público.
"Cuando se analiza este presupuesto, se revela que todavía no hay cambios profundos ni estructurales. Es un presupuesto donde el nivel de gasto es tremendamente alto y eso nos dice que el Gobierno ha entrado en un modo de 'administración de crisis', todavía no de 'solución de crisis'. El documento no da señales de un cambio de rumbo económico, simplemente intenta sobrellevar la situación actual sin resolver los problemas de fondo". — Jaime Dunn, Analista Económico y Candidato Presidencial.
Un déficit fiscal real que supera el 11% según el PIB anterior
El núcleo de la crítica de Dunn radica en la distorsión y magnitud de las cifras del déficit fiscal expuestas por el Ministerio de Economía. Explicó que la tasa oficial que maneja el Ejecutivo se sitúa formalmente por encima del 9%; sin embargo, alertó que este indicador se encuentra atenuado debido al reciente recálculo y actualización de la base estadística del Producto Interno Bruto (PIB) implementada por el sector estatal.
Al realizar una auditoría financiera comparativa, el economista expuso la brecha real de los desequilibrios fiscales:
- Ajuste metodológico: Si el presupuesto actual se recalcula de forma transparente utilizando como referencia la base del PIB anterior, el déficit fiscal real del Estado boliviano se dispara de forma automática por encima del 11%.
- Ausencia de austeridad: Para el candidato, mantener un saldo negativo de dos dígitos demuestra la total ausencia de un plan de austeridad institucional y la resistencia del Gobierno a reducir el gasto corriente o el sostenimiento de empresas públicas deficitarias.
La falta de señales hacia los mercados e inversores
Para la candidatura de Dunn, el PGE pierde la oportunidad de emitir señales de estabilidad y certidumbre hacia los mercados financieros internacionales, los organismos multilaterales de crédito y el empresariado privado nacional. Sostuvo que un presupuesto que expande el gasto y maquilla sus saldos negativos mediante cambios de base metodológica solo posterga el estallido de variables macroeconómicas críticas, como la inflación y la escasez de dólares.
El analista concluyó señalando que el país no puede continuar bajo un esquema de «piloto automático» donde las autoridades se limitan a reaccionar ante las emergencias diarias —como el desabastecimiento de combustibles o las presiones cambiarias— en lugar de diseñar una transición energética y económica sensata, la cual pasa inevitablemente por un recorte civil del gasto público ineficiente y la liberación de las fuerzas productivas privadas.
