El proyecto petrolero Domo Osso X3, en el bloque San Telmo, no solo abrió un debate ambiental y legal en la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía, sino que dejó al descubierto una profunda fractura social en comunidades como Chiquiacá Centro, Chiquiacá Sud, Chajllas, Pampa Redonda y Loma Alta. Más allá de contratos, leyes y medidas cautelares, el conflicto ha roto vínculos familiares y comunitarios que durante décadas sostuvieron la convivencia en la zona.

Habitantes de la reserva aseguran que las comunidades ya no son las mismas y dudan que el tejido social pueda recomponerse. Hablan de familias divididas, amistades rotas y un clima de desconfianza permanente. Para muchos comunarios, esta ruptura interna es la primera “contaminación” que dejaron las petroleras antes incluso de perforar el pozo.
Doña Juanita Martínez, de 60 años, participa desde hace más de un mes en la vigilia en defensa de Tariquía. Relata que la protesta le ha significado sacrificios personales, económicos y familiares, como perder la temporada de siembra y enfrentar reclamos de su entorno. Aun así, sostiene que la lucha “nace del corazón” y que defender el territorio es una causa que justifica cualquier costo.
La división atraviesa incluso su propio hogar. Juanita reconoce que su comunidad, Chiquiacá Norte, está enfrentada y atribuye esta situación a la presencia de las empresas petroleras. “Ahora nos vemos como enemigos”, lamenta, al describir un escenario de miedo constante por el ingreso y salida de trabajadores extraños a cualquier hora del día.
Las comunarias en vigilia recuerdan que el quiebre comenzó con obsequios y promesas: cocinas, garrafas, alimentos, juguetes y ofertas de empleo y desarrollo. Algunas familias aceptaron, otras no. Las dudas crecen al mirar experiencias pasadas en regiones productoras de gas, donde —según denuncian— las regalías no se tradujeron en mejoras visibles para las comunidades.
El temor se profundizó con la intervención policial del pasado 5 de enero, cuando un contingente de alrededor de 50 efectivos forzó el ingreso de vehículos de Petrobras. Comunarios denuncian un uso desproporcionado de la fuerza y procesos judiciales que hoy pesan sobre varios defensores de la reserva, generando un clima de intimidación y silencio.
El agua aparece como el eje central de la resistencia. En Chiquiacá, la vida depende de quebradas y vertientes naturales que abastecen a la agricultura y la crianza de animales. Los comunarios temen que la actividad petrolera ponga en riesgo este recurso vital, base de su economía y de su permanencia en el territorio.
Experiencias como la de Caigua, en Villa Montes, refuerzan esos temores. Dirigentes advierten que las consultas previas, realizadas bajo incentivos económicos, abrieron la puerta a explotaciones prolongadas y a pasivos ambientales que forzaron la migración de jóvenes y deterioraron fuentes de agua y tierras productivas.
Aunque un juez agroambiental ordenó la paralización temporal de los trabajos en el Domo Osso X3 por 30 días, la vigilia continúa. Los comunarios aseguran que no se rendirán y que mantendrán la resistencia hasta lograr la salida de las petroleras. Mientras tanto, Chiquiacá sigue marcada por una herida social profunda, cuya sanación, admiten sus habitantes, podría tardar mucho más que cualquier medida judicial.
Vía: El País, Tarija
