La IA normaliza lo “suficientemente bueno” y amenaza el desarrollo del buen gusto

La inteligencia artificial generativa ha cambiado el estándar de calidad en la producción de contenido, haciendo que lo “suficientemente bueno” sea ahora aceptable y habitual en imágenes, textos y código. Esta tendencia está afectando la percepción de excelencia y mediocridad funcional en toda una generación.

En la práctica, cualquier usuario puede generar en segundos imágenes o textos que cumplen su función, aunque carezcan de creatividad, detalle o autenticidad. Lo que antes requería tiempo, habilidad o inversión ahora se produce al instante, y muchas veces se acepta sin cuestionarlo.

En redes profesionales como LinkedIn, se observa contenido escrito por IA que transmite ideas pero carece de estilo o profundidad. De igual manera, en plataformas como GitHub, el código que funciona correctamente puede ser torpe, redundante o poco elegante, reflejando que cumplir la función mínima no garantiza calidad.

El problema principal es que, al estar acostumbrados a contenidos “funcionales”, las personas dejan de preguntarse si lo que producen o consumen tiene verdadero valor. La cultura de la mediocridad funcional se instala cuando basta con que algo “sirva” para considerarlo suficiente.

El desarrollo del criterio y del buen gusto depende de la experiencia, de ver errores, aciertos y contrastes. Tradicionalmente, aprender implicaba escribir mal para luego mejorar; ahora, la IA entrega soluciones listas que ocultan ese proceso de aprendizaje y juicio crítico.

Esto es especialmente preocupante en la programación y otras disciplinas creativas. Un programador senior reconoce al instante un código generado por IA: aunque funcione, carece de elegancia y eficiencia que caracterizan el trabajo humano de calidad.

El riesgo a largo plazo es que una generación crezca consumiendo y produciendo únicamente contenidos que cumplen, pero no sorprenden ni destacan. Si nunca se enseña a diferenciar lo excelente de lo aceptable, el criterio individual para reconocer calidad se debilita.

El valor humano, por tanto, reside en el gusto y la capacidad de discernir. La IA puede facilitar la producción masiva, pero no reemplaza la sensibilidad para evaluar qué es realmente bueno, único o valioso.

Si esta tendencia continúa, lo “suficientemente bueno” se consolidará como el estándar dominante, y la excelencia quedará oculta bajo un mar de contenido mediocres pero funcional, dificultando que nuevas generaciones aprendan a reconocer y aspirar a lo mejor.

Vía: Xataka

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