
A días de su visita de Estado al Reino Unido, Donald Trump vuelve a estar en el centro de la polémica internacional por su postura frente a Rusia y la guerra en Ucrania. A diferencia de Ronald Reagan, recordado por su línea dura contra el Kremlin, el actual presidente estadounidense es señalado por ceder ante Vladimir Putin y evitar sanciones contundentes, incluso después de ataques a civiles ucranianos y provocaciones en territorio de la OTAN.

Antes de viajar, Trump postergó nuevamente la imposición de sanciones severas contra Moscú, argumentando que la paz estaba más cerca tras su cumbre en Alaska. Sin embargo, los hechos contradicen esa visión: los misiles rusos continúan golpeando objetivos civiles en Ucrania, e incluso se han registrado incursiones de drones sobre Polonia y Rumania, desafiando directamente a la alianza atlántica. La pasividad de Washington, advierten analistas, podría alentar nuevas agresiones del Kremlin.

El mandatario estadounidense intentó contrarrestar las críticas publicando una carta en Truth Social, en la que condiciona futuras sanciones a Rusia a que los países de la OTAN dejen de comprar petróleo ruso. Aunque el planteamiento parece lógico, expertos consideran que es una estrategia para eludir su responsabilidad, ya que esas condiciones difícilmente se cumplirán. Para muchos, se trata de otra muestra de su enfoque transaccional de la política exterior, donde aliados y adversarios son tratados con la misma lógica comercial.
Trump también ha vinculado el conflicto en Ucrania con su guerra comercial contra China, exigiendo a los socios europeos imponer aranceles del 50% al 100% a productos chinos. La propuesta ha sido calificada de inviable, ya que la OTAN no es un bloque económico y varios miembros, como la Unión Europea y Canadá, han sido víctimas de la política arancelaria del propio Trump. Estas tensiones, sostienen observadores, amenazan con debilitar la cohesión de la alianza más exitosa de la historia militar.
El contraste con Reagan, quien durante la Guerra Fría defendió con firmeza a Occidente frente a Moscú, es notorio. Mientras el expresidente republicano advirtió que solo la fuerza podía contener a las dictaduras, Trump parece minimizar las acciones de Putin, al punto de sugerir que las incursiones rusas en espacio aéreo aliado pudieron ser “errores”. Esta retórica, cercana a la narrativa del Kremlin, ha generado inquietud entre funcionarios estadounidenses y mandatarios europeos.

La visita de Trump al Reino Unido estará marcada por protestas similares a las que enfrentó Reagan hace 43 años, aunque por razones opuestas: en lugar de críticas por una línea dura, el actual presidente es cuestionado por su indulgencia frente a Moscú. Con Europa aún dependiente en parte del petróleo ruso y con una guerra que no da señales de tregua, la incógnita es si Trump reforzará su perfil de aliado poco confiable o si intentará recuperar el espíritu de liderazgo que alguna vez encarnó Reagan.
Vía: CNN
