
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se enfrentará esta semana a una moción de censura en el Parlamento Europeo, un proceso político que podría poner en riesgo su continuidad al frente del organismo ejecutivo de la Unión Europea. El debate sobre la moción comenzará este lunes y la votación está prevista para el jueves, cumpliendo el reglamento que exige al menos 48 horas entre ambos eventos. Von der Leyen deberá defender su gestión ante los eurodiputados antes de que se emita un veredicto público y nominal.

Para que la moción prospere, se requerirá el apoyo de al menos dos tercios de los votos emitidos y que estos representen la mayoría absoluta de los miembros del Parlamento Europeo. Aunque el escenario es poco probable, ya que este tipo de iniciativas raramente superan ese umbral, el procedimiento cobra relevancia por la visibilidad política y las tensiones que revela dentro de la Eurocámara. Cabe destacar que incluso los eurodiputados firmantes aún pueden retirar su respaldo antes de la votación final.
Históricamente, el Parlamento ha intentado sin éxito remover a la Comisión Europea en nueve ocasiones. El intento más reciente ocurrió en 2014, cuando el grupo euroescéptico Europa de la Libertad y la Democracia Directa presentó una moción contra la gestión de Jean-Claude Juncker tras el escándalo de los “Luxembourg Leaks”. Aquella iniciativa solo logró 101 votos favorables, muy por debajo de los 670 posibles.
En el pasado, las razones detrás de estas mociones han variado ampliamente, desde objeciones por la política agrícola, hasta crisis sanitarias como la encefalopatía espongiforme bovina, pasando por críticas a la gestión del presupuesto comunitario o a la fiabilidad de los datos estadísticos de Eurostat. Pese a las constantes tensiones políticas, el Parlamento Europeo rara vez ha logrado reunir el consenso necesario para censurar formalmente a una Comisión.

El único antecedente exitoso se remonta a 1999, cuando la Comisión presidida por Jacques Santer renunció antes de una votación formal, tras una serie de denuncias de fraude y falta de transparencia. Fue la única ocasión en que una moción de censura forzó una dimisión, y ello ocurrió más por presión política que por la votación misma.
La situación actual de von der Leyen, aunque compleja, no necesariamente anticipa su salida del cargo. Sin embargo, este episodio evidencia las fracturas internas dentro del Parlamento Europeo y pone en relieve el creciente escrutinio político sobre la Comisión, en un momento clave para la Unión Europea tras las recientes elecciones parlamentarias.

Vía: Euronews
