
El conglomerado japonés SoftBank ha dado un giro radical a su estrategia tecnológica al vender la totalidad de sus acciones en NVIDIA, valoradas en 5.830 millones de dólares, y parte de su participación en T-Mobile, por otros 9.170 millones, con el fin de financiar una gigantesca inversión de hasta 40.000 millones de dólares en OpenAI. Con esta decisión, la compañía de Masayoshi Son abandona la infraestructura física de la inteligencia artificial —los chips— para centrarse en su capa más lucrativa: los modelos y aplicaciones de IA.

El movimiento marca un punto de inflexión en la filosofía de inversión de SoftBank. Según CNBC, la empresa busca consolidarse como el principal socio financiero y estratégico de OpenAI, con quien lidera el proyecto Stargate, una ambiciosa red de centros de datos valuada en 500.000 millones de dólares. De los 100.000 millones iniciales del proyecto, SoftBank y OpenAI aportarán 19.000 millones cada uno, controlando el 40% respectivamente.

En su segundo trimestre fiscal, SoftBank reportó beneficios récord de 16.300 millones de dólares, impulsados por las ganancias del Vision Fund en inversiones vinculadas a OpenAI, que sumaron 19.000 millones. Este resultado compensó las pérdidas en otras áreas, incluidas participaciones en gigantes tecnológicos como Alibaba. A diferencia de la venta de 2019 —realizada en plena crisis de liquidez tras el fiasco de WeWork—, esta vez la liquidación de NVIDIA responde a una estrategia deliberada para financiar su apuesta por la inteligencia artificial generativa.
La historia entre SoftBank y NVIDIA no es nueva. En 2019, la firma japonesa también se desprendió de una participación de 4.000 millones de dólares en el fabricante de chips, justo cuando sus acciones estaban en caída libre. Hoy, repite la maniobra, pero en un contexto diametralmente opuesto: NVIDIA se encuentra en máximos históricos y domina el mercado global de chips para IA. La decisión, que sorprende incluso a los analistas, evidencia la confianza total de Masayoshi Son en OpenAI como epicentro del futuro tecnológico.
El contraste es notorio: mientras fondos institucionales optan por asegurar beneficios vendiendo en máximos, SoftBank —conocida por su agresividad inversora— decide redoblar la apuesta. “No es desconfianza en NVIDIA, sino concentración en el valor real de la IA”, señalan analistas. Para la compañía, el verdadero negocio no está en fabricar los chips que entrenan los modelos, sino en poseer los modelos y controlar la infraestructura digital que los ejecuta.
Pese a su salida de NVIDIA, SoftBank mantiene vínculos indirectos con el fabricante estadounidense. El proyecto Stargate dependerá de los chips de NVIDIA para alimentar sus centros de datos, mientras que ARM, la firma británica controlada por SoftBank, continúa compitiendo con NVIDIA en arquitecturas de semiconductores. No obstante, el historial del Vision Fund —que perdió 27.400 millones en 2022 tras apuestas fallidas como WeWork o FTX— mantiene la incertidumbre sobre si esta nueva jugada marcará una redención o un nuevo tropiezo.

Con su inversión récord en OpenAI, SoftBank redefine su papel en la economía digital global: ya no busca vender “picos y palas” en la fiebre del oro de la inteligencia artificial, sino poseer la mina completa. El tiempo dirá si Masayoshi Son, fiel a su estilo visionario y temerario, ha acertado al cambiar el reino del silicio por el imperio de los algoritmos.
