El economista tarijeño Fernando Romero se refirió a los datos oficiales de inflación publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que reportan una variación mensual del 0,59% en diciembre y una inflación acumulada del 20,4% durante la gestión 2025, cifra que se constituye en la más alta de los últimos 37 años en Bolivia.

Sin embargo, Romero advirtió que, pese a tratarse de datos oficiales, existe una brecha significativa entre la inflación estadística y la inflación real o de mercado que perciben cotidianamente los ciudadanos, lo que reabre el debate sobre la metodología utilizada para el cálculo del indicador.
En ese marco, el analista planteó la necesidad de actualizar el método de medición, incorporando con mayor peso a la economía informal, los centros de abasto y mercados populares, además de crear un indicador específico que mida exclusivamente la variación de precios de la canasta básica familiar, la cual actualmente representa solo el 16% del ponderado total.
Romero sostuvo que la inflación oficial no refleja plenamente la pérdida del poder adquisitivo, por lo que sugirió la creación de un indicador que permita comparar cuánto valen los ingresos a lo largo del tiempo, evidenciando el deterioro real del bolsillo de la población.
Asimismo, explicó que el impacto de la reducción del subsidio a los carburantes aún no se ha sentido de forma estructural, ya que habría sido “acolchonado” estadísticamente con la baja de precios de algunos alimentos, efecto que, según anticipó, se reflejará con mayor fuerza en el primer trimestre de 2026.
Finalmente, Romero estimó que, bajo un escenario más realista, la inflación mensual de diciembre debió superar el 2%, mientras que la inflación anual habría alcanzado al menos el 25%, y recomendó mantener políticas de apoyo a la alimentación, garantizar la disponibilidad de dólares, evitar la emisión inorgánica de dinero y controlar el gasto público para reducir la presión inflacionaria sobre la economía familiar.
