
El auge de medicamentos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, originalmente desarrollados para tratar la diabetes tipo 2, está generando una revolución en Europa debido a su uso creciente para la pérdida de peso. Impulsada por redes sociales, celebridades y la demanda estética, esta tendencia ha creado un mercado privado multimillonario que desborda a los sistemas públicos de salud y genera escasez de tratamientos para diabéticos.

En Italia, el gasto privado en agonistas del GLP-1 se disparó en 2024, alcanzando más de 115 millones de euros, diez veces más que en 2020. Pese a que la mayoría de estos medicamentos no son reembolsados por el sistema nacional de salud, su uso fuera de lo indicado ha crecido exponencialmente. La reciente Ley 741 podría abrir camino a una cobertura parcial, reconociendo la obesidad como enfermedad crónica.
Grecia y Portugal también han visto un aumento explosivo en la demanda, aunque sus marcos regulatorios difieren. Grecia mantiene una normativa estricta que prohíbe el uso de estos medicamentos para adelgazar salvo en casos de riesgo vital, lo que ha llevado a un florecimiento del mercado clandestino. En Portugal, aunque Wegovy y Mounjaro están aprobados para tratar la obesidad, el gasto corre íntegramente por cuenta del usuario, sin reembolso estatal, y ya se han reportado problemas de abastecimiento.
En España y Alemania, el crecimiento del mercado también es notable. España registró ventas por 484 millones de euros en 2024, pero el acceso sigue limitado a través de especialistas, y el reembolso aún no está contemplado. Alemania, donde el sistema público no cubre medicamentos para adelgazar por considerarlos tratamientos de estilo de vida, empieza a flexibilizar su postura en casos de obesidad con riesgos cardiovasculares, mientras la presión social y médica aumenta.

Francia y Reino Unido representan enfoques más controlados: el NHS británico cubre estos tratamientos, pero solo dentro de programas especializados, y Francia evalúa el reembolso parcial. Mientras tanto, países como Polonia permiten el acceso incluso sin diagnóstico de diabetes mediante telemedicina. El resultado general es un mosaico europeo marcado por la desigualdad en el acceso, la medicalización de la estética y un dilema creciente para la salud pública: ¿hasta dónde deben llegar los sistemas sanitarios por un cuerpo idealizado?

Vía: Euronews
