
La reconfiguración del millonario contrato entre el constructor naval italiano Fincantieri y la Armada de Estados Unidos llega en un momento clave para Europa, justo cuando Bruselas impulsa una agenda de rearme y exige mayor coordinación entre los fabricantes de defensa de la Unión Europea. El anuncio, realizado el 26 de noviembre, antecedió la reunión de ministros de Defensa europeos que analiza el apoyo a Ucrania y la hoja de ruta militar hacia 2030.


El acuerdo original, firmado en 2020 durante el primer mandato de Donald Trump, ascendía a 5.580 millones de dólares e incluía la construcción de diez fragatas derivadas del modelo europeo Fremm. Estas naves representaban un triunfo industrial para Italia y Francia, dado que habían superado a competidores estadounidenses y europeos en el proceso de selección.
Sin embargo, la fabricación no se realizaría en Europa, sino en Estados Unidos a través de Fincantieri Marinette Marine, la filial ubicada en Wisconsin. Con más de 3.700 trabajadores especializados, la empresa italiana había apostado a un proyecto totalmente operado en territorio estadounidense, lo que limitaba los beneficios directos para la economía italiana.
Pese al volumen del contrato, solo una fracción —795 millones de dólares— estaba asegurada al inicio. La continuidad del resto dependía de que la US Navy activara las opciones de compra, algo que finalmente no ocurrió. El retraso en la construcción, con las primeras dos fragatas apenas al 10% de avance, aceleró el rediseño del acuerdo.
El nuevo pacto garantiza la finalización de las dos fragatas en marcha, pero cancela la producción de cuatro unidades previamente encargadas. En su lugar, la Marina estadounidense optará por buques más pequeños, destinados a operaciones anfibias, misiones especiales y combate de superficie, tanto tripulados como no tripulados. Fincantieri recibirá compensaciones que elevan el valor total a unos 3.000 millones de dólares.
Este giro vuelve a abrir un debate profundo en Europa: ¿conviene que empresas comunitarias fabriquen para países no europeos mientras la UE insiste en fortalecer su industria de defensa? Expertos señalan que las empresas —incluidas las públicas— siguen la lógica del mejor postor, lo que debilita los intentos de construir una verdadera autonomía militar europea. Fondos comunitarios como el Fondo Europeo de Defensa o el reciente EoIP no han logrado revertir esa tendencia.

El caso también revive temores sobre la exportación de capacidades estratégicas, como ocurrió con los helicópteros italianos A129 Mangusta, fabricados bajo licencia en Turquía. Aunque Fincantieri asegura que en el sector naval suele venderse más el producto final que el conocimiento, la reconfiguración del contrato con EE.UU. evidencia que la falta de una política europea común deja vulnerable a la industria y dificulta la construcción de una defensa continental cohesionada.

Vía: Euronews
