
El economista Roberto Castillo aseguró que la reciente disminución del precio del dólar en Bolivia es solo un respiro momentáneo, al que describió como una “vacación” antes de una inevitable alza.

Según su análisis, esta estabilidad es artificial, ya que la oferta de divisas es prácticamente nula y la demanda volverá a incrementarse en los próximos días, especialmente cuando los importadores reanuden la compra de mercancías para reabastecerse.
Castillo estima que el precio del dólar podría descender un poco más hasta llegar a los 13 o 13,50 bolivianos, pero esta baja servirá como impulso para una posterior subida.
Considera que en el contexto electoral, especialmente una semana antes de las elecciones del 17 de agosto, la cotización del dólar experimentará un repunte significativo. Esto se debe, en parte, a la incertidumbre sobre los resultados y el comportamiento económico que puedan adoptar los diferentes actores políticos.
Respecto a los escenarios posteriores a las elecciones, el economista explicó que si gana el oficialismo, el dólar subirá y se agravará la escasez de combustibles. En caso de una victoria de la oposición, la divisa podría estabilizarse, pero los problemas en el suministro de gasolina y diésel persistirán debido a los bajos niveles actuales de importación.

Castillo prevé que hacia fin de año el precio del dólar podría alcanzar los 18 bolivianos en el mercado paralelo, dependiendo de las medidas del próximo gobierno.
Castillo recomendó que Bolivia deje atrás el “tipo de cambio fijo mentiroso” y permita una flotación sucia del dólar, lo que implicaría intervenir en el mercado para regular su valor.
Para estabilizar la economía y sostener el valor de la moneda nacional, el país necesitaría atraer inversiones extranjeras, incrementar sus exportaciones o, como última opción, recurrir a préstamos.

Además, advirtió que el desfase entre el tipo de cambio boliviano y el argentino ha generado una distorsión que afecta el ingreso de divisas desde ese país.
