
El colágeno se ha convertido en el ingrediente estrella de una industria que promete juventud eterna a través de suplementos, cosméticos y cápsulas de sabores atractivos. Impulsado por la cultura K-beauty y una oleada de marketing digital, este compuesto ha pasado de ser una curiosidad científica a convertirse en una rutina de belleza global. Su atractivo radica en que el cuerpo humano reduce naturalmente su producción con la edad, lo que ha llevado a muchas personas —especialmente mujeres— a buscarlo como solución antiedad.

La tendencia se intensificó con la influencia de la cosmética coreana, que popularizó rutinas de cuidado de la piel complejas y altamente efectivas. Esta estética, centrada en la piel como reflejo de salud y juventud, ha sido adoptada por consumidores occidentales y potenciada por plataformas como TikTok, donde los «antes y después» y los videos de transformación refuerzan la idea de que el colágeno es un elixir casi milagroso.
Sin embargo, el auge del colágeno no responde únicamente a sus posibles beneficios médicos, sino al poderoso empuje de la mercadotecnia, las redes sociales y la presión estética que estas generan. En este entorno, el suplemento ha adquirido un estatus omnipresente, desde el café matutino hasta tratamientos invasivos, alimentando una ansiedad social creciente por evitar el envejecimiento visible.

Esta obsesión, sin embargo, tiene una carga de género evidente: la industria antienvejecimiento apunta mayoritariamente a las mujeres, reforzando la idea de que su valor está vinculado a su apariencia. Mientras que a los hombres se les permite envejecer con dignidad, a las mujeres se les exige juventud perpetua. En ese contexto, el colágeno es mucho más que una proteína: es el símbolo de una presión social que vende juventud en polvo bajo promesas imposibles.

Vía: Xataka
