
China atraviesa una encrucijada demográfica que amenaza con transformar su modelo económico. Según Naciones Unidas, la población del país comenzará a caer de forma sostenida en las próximas décadas, pasando de los más de 1.400 millones actuales a entre 900 y 1.000 millones en el año 2100.

Este declive, acompañado por el envejecimiento acelerado de la población y una tasa de natalidad en mínimos históricos, impactará de lleno en la disponibilidad de mano de obra y, con ello, en la competitividad de su economía.

El gobierno de Xi Jinping ya ha presentado una estrategia para enfrentar este desafío, bajo el concepto de “nuevas fuerzas productivas de calidad” (NQPF). La apuesta es clara: compensar la pérdida de trabajadores mediante un fuerte impulso a la productividad. Esto implica mejoras en educación, difusión tecnológica e innovación aplicada a todos los sectores. El próximo Plan Quinquenal, previsto para el período 2026-2030, será clave en la implementación de esta visión.
En el corazón de la estrategia está la directiva “AI Plus”, un plan de largo plazo que busca convertir a la inteligencia artificial en el motor de la productividad nacional. El objetivo es que hacia 2025 la IA sea tan común como la electricidad o Internet. Para 2027 se espera que esté integrada en más del 70% de sectores estratégicos como ciencia, industria, consumo o gobernanza, y que en 2030 esa penetración alcance el 90%.
La ambición va más allá de lo productivo. En el consumo, se prevé que la IA impulse la demanda a través de productos inteligentes, desde automóviles conectados hasta dispositivos domésticos. En la educación y la salud, la tecnología se plantea como una herramienta de acompañamiento ciudadano. Incluso en la gobernanza, se espera que facilite la planificación urbana, el control de la seguridad y el manejo de datos masivos, fortaleciendo a la vez la posición internacional del país.
No obstante, el plan enfrenta retos significativos. Expertos como Jeffrey Ding advierten que China sufre un “déficit de difusión”: su capacidad para innovar es mayor que su capacidad para expandir esas innovaciones en toda la economía. A ello se suma la escasa capacitación de ingenieros de base y la baja tasa de éxito en la transformación digital de empresas estatales, lo que podría ralentizar la adopción real de la IA en el tejido productivo.

Llamativamente, el documento no hace referencia a la inteligencia artificial general (AGI). China parece priorizar un enfoque pragmático: expandir la IA generativa en la vida diaria y en la economía antes que buscar una supremacía tecnológica abstracta. Con esta estrategia, el gigante asiático apuesta a que la IA se convierta en su principal escudo frente al inevitable declive demográfico que marcará su futuro.
Vía: Xataka
