
El analista en hidrocarburos Jaime Balanza lanzó una dura advertencia sobre el futuro energético del país, señalando que Bolivia se encamina a un colapso inminente. Balanza desmitificó la idea de que, una vez agotadas las reservas nacionales de gas natural, el Estado boliviano pueda solucionar la escasez de manera inmediata mediante la importación desde países vecinos. Según el especialista, la falta de previsión, la ausencia de acuerdos a largo plazo y las limitaciones de infraestructura y abastecimiento de los potenciales vendedores hacen que esta alternativa sea inviable en el corto y mediano plazo.

El analista explicó que las relaciones de compra y venta de energéticos en la región no se consolidan de manera improvisada ante emergencias. En el caso de Brasil, lo descartó de plano como proveedor al recordar que se trata de un importador neto de hidrocarburos. Por otro lado, desvirtuó la posibilidad de que Argentina pueda socorrer energéticamente a Bolivia, argumentando que el vecino país enfrenta severas deficiencias para abastecer su propio noreste —particularmente a provincias agroindustriales como Salta, Jujuy y Tucumán— debido a que la producción del mega-yacimiento de Vaca Muerta aún no logra surtir de manera eficiente a esa región fronteriza.
Respecto a la contradicción de pretender comprarle gas a un país al que Bolivia todavía realiza envíos de emergencia, Balanza declaró textualmente: «Si la Argentina nos está comprando gas, ¿cómo se les ocurre que ante una emergencia nos va a poder vender gas a nosotros? Esos, en todo caso, son acuerdos de largo plazo que se tienen que hacer, y tengan ustedes la certeza de que el gobierno boliviano ni siquiera ha iniciado esas gestiones».

Balanza también dirigió duras críticas hacia la conducción del sector energético nacional, cuestionando la falta de experiencia del actual ministro del área para afrontar una crisis de esta magnitud. El especialista apuntó que la crisis energética no es un escenario futuro, sino una realidad palpable desde hace más de un año, que ya se manifiesta de forma directa en las persistentes filas de vehículos en los surtidores, la escasez y baja calidad de la gasolina y el diésel, y el incremento de las tarifas de electricidad que golpea a los consumidores domésticos e industriales.
Finalmente, el analista instó a la población a tomar previsiones de manera realista ante un escenario de desabastecimiento generalizado de gas, el cual afectará tanto al transporte como a la generación termoeléctrica del país. Sin una reestructuración profunda en la toma de decisiones y una política de exploración real, Balanza advirtió que el país carece de la red de transporte y de los socios estratégicos necesarios para evitar un descalabro energético que obligará a los ciudadanos a retroceder décadas en sus hábitos de consumo energético básico.
