
La Gran Logia de Colombia ha abierto por primera vez las puertas de su histórica Mansión Kopp, en el centro de Bogotá, para inaugurar un museo masónico que busca romper con siglos de secretismo y estigmas. La iniciativa, impulsada por jóvenes miembros como el ingeniero Camilo López, pretende acercar los valores de libertad, igualdad y fraternidad a la sociedad, desmintiendo teorías de conspiración que aún rodean a la masonería. “Queremos dejar de ser vistos como sujetos extraños”, afirma Manuel Jaimes, politólogo y miembro activo de la orden.

El museo está lleno de símbolos, reliquias y elementos que resumen la historia y la filosofía de los masones en Colombia. Desde espadas y pisos ajedrezados, hasta retratos de figuras históricas como Simón Bolívar o José María Vargas Vila, el recorrido enfatiza la contribución de los masones a procesos como la independencia, la abolición de la esclavitud o la separación Iglesia-Estado. Todo está dispuesto con una narrativa que explica los valores masónicos, aunque preservando los ritos iniciáticos como parte de su “discreción”.
El proyecto contó con el respaldo técnico del Museo Nacional, que ayudó a profesionalizar la curaduría. Sin embargo, la colaboración no estuvo exenta de desafíos. Los museólogos enfrentaron una colección desorganizada y sin relato estructurado, mientras que los masones debieron adaptarse a los procesos de preservación patrimonial y apertura pública. Aún persisten dificultades para ampliar el acervo, ya que muchas logias siguen siendo herméticas con sus objetos y documentos.

El museo busca también honrar a los “hermanos del Oriente Eterno”, figuras fallecidas asociadas a la masonería, como el expresidente Mosquera o el exsenador Rafael Uribe Uribe. A través de textos, objetos y reconstrucciones, se destaca el ideario masónico de servicio discreto y humildad, pero también se reconoce la complejidad de los personajes históricos, admitiendo sus sombras. “El humano no cabe en lo perfecto”, es uno de los principios que guía la exposición.

Con esta apertura, la Gran Logia no solo reivindica su legado en la historia del país, sino que también participa de un ejercicio democrático de memoria y representación. Según los expertos, este museo representa un paso importante hacia una museología más inclusiva en Colombia, que reconozca las múltiples voces de la sociedad. “Todos tienen derecho a contar su historia”, concluyen los organizadores.
Vía: El País, España
