Beber agua antes de comer: ¿truco efectivo para adelgazar o mito disfrazado de ciencia?

Con la llegada del verano, resurgen numerosos métodos para perder peso rápidamente, entre ellos el consejo popular de beber un vaso de agua antes de cada comida. Este método, que parece sencillo y accesible, ha sido promovido por revistas y redes sociales como una forma de reducir el apetito y facilitar la pérdida de peso. Sin embargo, la comunidad científica advierte que sus beneficios no son tan contundentes como se suele afirmar.

El Dr. Robert H. Shmerling, de la Facultad de Medicina de Harvard, explicó en Harvard Health Publishing que, aunque beber agua antes de comer puede generar una ligera sensación de saciedad, el efecto es pasajero y limitado. La idea de que el agua llena el estómago y reduce el hambre tiene cierta base fisiológica, pero no se traduce en resultados significativos o duraderos por sí sola, especialmente en personas jóvenes o con hábitos alimenticios regulares.

Algunos estudios han encontrado beneficios modestos, especialmente en adultos mayores o dentro de planes de dieta hipocalórica. En estos casos, el consumo de agua previo a las comidas ha mostrado ayudar a perder más peso en períodos cortos, como 12 semanas. No obstante, los expertos aclaran que no existe suficiente evidencia robusta que respalde estos resultados a largo plazo o en poblaciones más amplias. Además, otras creencias asociadas, como que el agua fría acelera el metabolismo, han sido desmentidas por estudios recientes.

Donde sí hay consenso científico es en el impacto positivo de sustituir bebidas calóricas por agua. Cambiar refrescos, alcohol o bebidas energéticas por agua reduce el consumo total de calorías de forma efectiva y sin esfuerzo, mejorando a su vez la hidratación, el rendimiento físico y la recuperación. Así, el beneficio radica más en lo que se deja de consumir que en el vaso de agua en sí.

Finalmente, los especialistas alertan sobre la cultura del atajo y los “trucos milagrosos” para adelgazar, que proliferan en redes sociales y afectan especialmente a jóvenes. La psicóloga Sara Bolo advierte que prácticas como esta pueden esconder trastornos de la conducta alimentaria disfrazados de hábitos saludables. Como resume el Dr. Shmerling: “Si te funciona, no hay daño. Pero recuerda que ningún vaso de agua reemplaza una dieta equilibrada”.

Vía: Xataka

Scroll al inicio