El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha decidido jugarse el todo por el todo al convocar un referéndum que definirá el destino de sus reformas en salud y trabajo. Ante la falta de avances en su agenda legislativa, Petro apuesta por una consulta popular para movilizar a la ciudadanía y validar sus propuestas sin depender del Congreso. Sin embargo, el desafío es grande, ya que necesita al menos 13,6 millones de votos afirmativos para cada pregunta, una cifra superior a los 11,2 millones que obtuvo en la segunda vuelta presidencial de 2022.

Más allá de las reformas, este referéndum se perfila como una estrategia para medir la fuerza política del presidente y preparar el camino hacia las elecciones de 2026. Si la consulta es un éxito, Petro podría consolidar su capacidad de designar un sucesor que continúe con su proyecto de gobierno. En el lado opuesto, líderes políticos como Claudia López, Alejandro Gaviria y Vicky Dávila podrían aprovechar la oportunidad para ganar protagonismo y desgastar la imagen del presidente de cara a los comicios.
Uno de los principales aliados de Petro en esta nueva cruzada es Armando Benedetti, su exjefe de campaña, quien ha retomado un rol clave en la estrategia del Gobierno. Juntos, lograron vencer en 2022 pese a la oposición del establishment político, y ahora buscan repetir la hazaña movilizando a las masas en torno a la consulta. No obstante, un revés en las urnas podría debilitar significativamente al Gobierno y dejar a Petro en una situación similar a la de Iván Duque en sus últimos años de mandato.
El año 2025 ha estado marcado por constantes crisis políticas en Colombia, muchas de ellas provocadas por el propio presidente. Enfrentamientos con su gabinete, controversias internacionales y dificultades para avanzar en sus reformas han caracterizado su gestión. Petro, sin embargo, parece decidido a saltarse los mecanismos institucionales tradicionales y apelar directamente a la ciudadanía en busca de respaldo.
La consulta popular se presenta como un punto de inflexión para el Gobierno. Un triunfo reforzaría la autoridad de Petro y facilitaría la implementación de sus reformas. Por el contrario, una derrota significaría el debilitamiento definitivo de su administración y el inicio anticipado de la lucha por el poder en 2026.
Vía: El País, España
